Glaucoma, el ladrón silencioso de la visión

El Glaucoma es una de las principales causas de ceguera en el mundo, afectando a millones de personas sin presentar síntomas en sus etapas iniciales.

El Glaucoma es una patología que daña progresivamente el nervio óptico, encargado de transmitir la información visual desde el ojo al cerebro. En la mayoría de los casos se asocia a un aumento de la presión ocular, aunque también puede presentarse sin este signo, lo que vuelve aún más complejo su diagnóstico temprano. Muchas personas consultan cuando la enfermedad ya se encuentra en etapas avanzadas.

A nivel mundial, el Glaucoma afecta aproximadamente al 2% de la población y se estima que más de 80 millones de personas viven con esta enfermedad.

En Chile, se calcula que alrededor de 350 mil personas podrían padecer Glaucoma, y cerca de la mitad no lo sabe, debido a lo silenciosa que es la enfermedad y a la falta de controles preventivos, especialmente en personas mayores de 40 años.

Entre los principales factores de riesgo se encuentran tener más de 40 años, antecedentes familiares de Glaucoma, presión intraocular elevada, miopía alta y enfermedades sistémicas como diabetes e hipertensión.

En las últimas décadas se han producido importantes avances tecnológicos que permiten diagnosticar la enfermedad de forma más temprana, como la tomografía de coherencia óptica (OCT), los análisis estructurales del nervio óptico y el estudio del campo visual, herramientas que permiten detectarla antes de que se produzcan cambios en la percepción visual.

Respecto al tratamiento, el objetivo principal es disminuir la presión intraocular para reducir el daño al nervio óptico. Para ello existen tratamientos farmacológicos, procedimientos con láser y cirugías filtrantes o de drenaje, que permiten detener o disminuir la progresión de la enfermedad cuando se detecta a tiempo.

El Glaucoma no se puede prevenir, pero sí se puede controlar eficazmente si se diagnostica de manera precoz. Por ello, el llamado es a realizar exámenes oftalmológicos periódicos, especialmente a partir de los 40 años o antes si existen antecedentes familiares.

La detección temprana puede marcar la diferencia entre conservar la visión o enfrentar una pérdida visual irreversible. Un examen a tiempo puede salvar la visión. 👁️

María Soledad Fierro Villa
Coordinadora de Oftalmología y Optometría
Tecnología Médica
Universidad Andrés Bello

Isabel Chandía

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