
Una nueva investigación desarrollada en Chile confirma que la actividad física integrada con desafíos cognitivos mejora el aprendizaje, la salud mental y el desarrollo integral de niños y niñas, evidenciando la urgencia de implementar prácticas pedagógicas alineadas con la reciente Ley 21.778, que establece 60 minutos diarios de actividad física en los establecimientos educacionales.
La promulgación de esta ley abre una oportunidad histórica para transformar la manera en que aprenden niños y niñas en Chile. La evidencia científica demuestra que no basta con aumentar las oportunidades para moverse: el aprendizaje mejora cuando el movimiento incorpora toma de decisiones, resolución de problemas y desafíos cognitivos. Es decir, cuando los estudiantes piensan mientras se mueven.
“Moverse con propósito puede parecer simple, pero en un contexto de interacción con otros es un desafío que exige planificación y acompañamiento. Debemos diseñar estrategias y entornos enriquecidos a la vez que fortalecemos las competencias de nuestros equipos pedagógicos para que el juego y la actividad física cumplan su objetivo. Así es posible impulsar mejoras en el aprendizaje y en la salud mental de nuestros estudiantes”, señala la Dra. Falonn Contreras, profesora investigadora de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la Universidad Andrés Bello.
La académica lidera el proyecto de Iniciación en Investigación Sport+EF Project, un estudio pionero en Chile que evalúa intervenciones deportivas cognitivamente enriquecidas en estudiantes de 3° y 4° básico. Los hallazgos muestran mejoras significativas en funciones ejecutivas —como flexibilidad cognitiva, memoria de trabajo e inhibición— y en el rendimiento académico, especialmente en comprensión lectora y habilidades matemáticas. Estos resultados confirman el potencial del deporte diseñado con toma de decisiones, anticipación y solución de problemas.
Estrategias como pausas activas con desafíos mentales, clases de educación física con tareas abiertas y actividades que integran movimiento con contenidos académicos han demostrado mejorar la atención, la autorregulación, la memoria de trabajo y el comportamiento en el aula, resultados consistentes con estudios internacionales.
Los avances científicos dialogan directamente con la Ley 21.778, que exige actividad física diaria de 60 minutos, ofreciendo a las escuelas una oportunidad inédita para implementar prácticas basadas en evidencia. Integrar movimiento cognitivamente enriquecido en la rutina escolar puede mejorar las trayectorias de aprendizaje, promover ambientes más saludables, fortalecer el bienestar emocional y avanzar hacia una educación más equitativa, destaca la investigadora.
En un escenario marcado por altos niveles de inactividad infantil, aumento de problemas de salud mental y brechas de aprendizaje tras la pandemia, la conclusión es clara: moverse de manera intencionada y cognitivamente desafiante es una de las herramientas más poderosas para fortalecer el aprendizaje escolar y el desarrollo integral. “La ciencia ya delineó el camino. La Ley ofrece ahora la oportunidad —y la responsabilidad— de convertir ese conocimiento en una realidad viva dentro de cada comunidad educativa del país”, concluye la Dra. Contreras.





