
Investigación del Grupo Transdisciplinario en Obesidad de Poblaciones evidencia que las brechas sociales en el acceso, consumo y exposición al marketing de alimentos en plataformas digitales varía según el nivel socioeconómico, impactando directamente en las decisiones alimentarias y la salud pública.
Un estudio de la Universidad de Chile reveló que las brechas sociales también se trasladan al entorno digital, influyendo de manera directa en cómo las personas acceden, consumen y se informan sobre alimentos en internet, con efectos relevantes en la salud y la nutrición de la población. La investigación, desarrollada por el Grupo Transdisciplinario en Obesidad de Poblaciones (GTOP), analizó la relación de adultos de distintos niveles socioeconómicos con plataformas digitales de alimentación, evidenciando brechas significativas en el uso, acceso y exposición al marketing de alimentos.
El estudio, titulado “Exploring Socioeconomic Disparities in Adults’ Interactions with the Digital Food Environment: A Qualitative Study”, fue elaborado por un equipo multidisciplinario de investigadores y se basó en 11 grupos focales realizados en la Región Metropolitana, con la participación de 78 personas adultas de distintos contextos sociales. La publicación fue difundida en Sage Journals, plataforma internacional que reúne investigaciones científicas de alto impacto.
Entre sus principales hallazgos, se identifica que la interacción con el entorno alimentario digital es transversal, pero profundamente desigual. Mientras en sectores de mayores ingresos el uso de plataformas de compra online —como supermercados y servicios de delivery— es habitual y parte de la vida cotidiana, en sectores de menores ingresos su uso es más esporádico y depende principalmente de promociones, limitaciones económicas y apoyo de familiares más jóvenes.
En este contexto, el estudio también revela dinámicas intergeneracionales relevantes, donde los jóvenes cumplen un rol clave como facilitadores del acceso digital dentro de los hogares, influyendo incluso en las decisiones de compra y consumo familiar.
“Observamos que las personas interactúan con el entorno digital tanto para acceder a alimentos —en su mayoría poco saludables— como para recibir o buscar información sobre alimentación, muchas veces mediada por publicidad en redes sociales y aplicaciones”, explicó Paulina Molina Carrasco, autora principal del estudio.
El análisis concluye que el entorno alimentario digital no es neutro, sino que actúa como un espacio donde se reproducen las desigualdades sociales, determinadas por factores como la conectividad, la alfabetización digital y los recursos económicos disponibles.
Otro aspecto crítico identificado es la fuerte presencia de publicidad de alimentos de baja calidad nutricional. Si bien todos los grupos están expuestos a este fenómeno, las personas de mayores ingresos desarrollan una actitud más crítica frente al marketing digital, utilizando herramientas como el bloqueo de notificaciones. En contraste, en sectores de menores ingresos la relación con la publicidad es más pasiva y orientada a aprovechar descuentos y ofertas.
Asimismo, el estudio advierte que las plataformas digitales tienden a concentrar la oferta en alimentos ultraprocesados y de alta densidad calórica, mientras que el acceso a opciones saludables es más limitado en contextos vulnerables, lo que podría reforzar las brechas en calidad alimentaria.
En un país donde la obesidad en adultos alcanza un 42%, estos hallazgos adquieren especial relevancia, ya que el entorno digital influye directamente en los patrones de consumo y en la salud de la población.
Los investigadores enfatizan que estos resultados evidencian la necesidad de avanzar en políticas públicas que aborden el entorno alimentario digital, incluyendo regulaciones más estrictas sobre el marketing de alimentos, estrategias de alfabetización digital en salud y una mayor promoción de opciones saludables en plataformas digitales.
“Confirmamos que el ambiente alimentario digital reproduce las desigualdades del mundo físico. Por eso, es clave fortalecer la regulación y promover herramientas que permitan a las personas tomar decisiones más informadas y saludables”, concluye la investigación.
El estudio fue financiado a través de la convocatoria “Financiación de publicaciones para estudiantes y jóvenes investigadores de Colansa” y forma parte del proyecto Fondecyt Regular 2023 sobre prácticas e interacciones en entornos alimentarios, consolidando evidencia clave para el diseño de políticas públicas en Chile.





