
Investigación basada en la Encuesta Nacional de Salud analizó a más de 3.500 personas y concluyó que el bienestar psicológico y social es un factor clave para disminuir el riesgo de muerte en la población adulta.
Un estudio realizado en Chile, basado en datos de la Encuesta Nacional de Salud 2016–2017, confirmó que preocuparse de la salud mental y social puede reducir significativamente el riesgo de mortalidad, reforzando la necesidad de integrar el bienestar psicológico dentro de las estrategias de prevención cardiovascular. La investigación analizó a más de 3.500 personas adultas, con un seguimiento cercano a cinco años, y evidenció que quienes presentan mejores indicadores de salud integral tienen hasta un 49 % menos riesgo de morir por cualquier causa.
El trabajo evaluó una versión modificada del índice Life’s Crucial 9 (LC9), una herramienta que amplía el enfoque tradicional de la salud cardiovascular al incorporar factores psicológicos y sociales junto a variables biológicas y conductuales. Este índice considera nueve parámetros clave para evaluar la salud de una persona: alimentación saludable, actividad física, tabaquismo, índice de masa corporal, presión arterial, colesterol, glucosa en sangre, calidad del sueño y salud psicológica, incluyendo indicadores como depresión e integración social.
“El valor de este estudio es que utiliza información chilena representativa de la población, lo que nos permite hablar con evidencia local sobre cómo la salud mental y social influyen en la mortalidad”, explicó Felipe Díaz-Toro, investigador del Instituto de Investigación de Cuidados de la Salud de la Universidad Andrés Bello.
Los resultados mostraron una asociación clara entre mejores puntajes en el índice LC9 y una menor probabilidad de morir. De acuerdo con el análisis, las personas ubicadas en el cuartil más alto del índice presentaron hasta un 49 % menos riesgo de mortalidad por todas las causas en comparación con quienes registraron los puntajes más bajos. Incluso tras ajustar por variables como edad, sexo y nivel socioeconómico, la relación se mantuvo, lo que refuerza la solidez de los resultados.
Según el investigador, estos hallazgos confirman que la salud no puede abordarse de forma fragmentada, ya que los factores biológicos, conductuales, psicológicos y sociales interactúan permanentemente. “Este índice reconoce que las personas no viven su salud en compartimentos separados, sino que distintos aspectos de la vida influyen de manera conjunta en el bienestar y en el riesgo de enfermedad”, señaló Díaz-Toro.
El estudio también destaca el impacto directo que tienen la depresión, el aislamiento social y la calidad del sueño en la supervivencia, elementos que históricamente han recibido menor atención en las estrategias de prevención cardiovascular. “La evidencia muestra que no basta con controlar la presión arterial o el colesterol si no abordamos también el bienestar mental y las redes de apoyo de las personas”, afirmó el investigador.
Para Díaz-Toro, los resultados tienen importantes implicancias para el sistema de salud chileno, especialmente en el nivel de Atención Primaria, donde existe una oportunidad concreta para integrar evaluaciones psicológicas y sociales de manera sistemática en los controles de salud. “Esto podría mejorar la detección temprana del riesgo cardiovascular y contribuir a reducir la mortalidad a nivel poblacional, integrando de forma efectiva la salud mental dentro de las estrategias de prevención”, concluyó.





