
Especialista advierte que el cortisol es una hormona esencial para el organismo, pero su aumento sostenido puede afectar el metabolismo, el sueño y favorecer el aumento de grasa abdominal.
El cortisol alto suele asociarse únicamente al estrés, pero la evidencia científica muestra que esta hormona cumple funciones esenciales para el funcionamiento del organismo y solo su exceso sostenido puede provocar efectos perjudiciales en la salud. Así lo explica Alejandra Ponce, académica de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, quien aclara mitos, explica qué exámenes permiten detectar niveles alterados de cortisol y entrega recomendaciones basadas en evidencia para mantener esta hormona en rangos saludables.
“El cortisol no es un enemigo; al contrario, desempeña roles fundamentales en el metabolismo, el sueño y la regulación de la presión arterial”, señala la especialista. Entre sus funciones más importantes está promover la disponibilidad de glucosa en sangre cuando el cuerpo necesita energía inmediata. “En situaciones de estrés, nuestro organismo requiere combustible y el cortisol permite obtener energía a partir de grasas y aminoácidos”, explica.
La académica también destaca su papel en el ciclo sueño-vigilia, un proceso clave para el equilibrio del organismo. “El peak matinal de cortisol es lo que nos permite estar alertas cuando despertamos, y sus niveles disminuyen progresivamente durante el día hasta alcanzar su punto más bajo al dormir”, detalla. Además, esta hormona contribuye a la vasoconstricción, ayudando a mantener una presión arterial adecuada.
El problema aparece cuando los niveles de cortisol se mantienen elevados de forma permanente. “Cuando el cortisol está crónicamente alto, produce efectos nocivos en distintas células y sistemas del cuerpo”, advierte Ponce. Uno de los impactos más visibles se observa en el metabolismo, donde favorece el aumento de grasa abdominal. “Las personas con cortisol persistentemente elevado tienden a buscar alimentos más calóricos porque su cuerpo demanda más energía, y ese exceso suele almacenarse principalmente en el tejido adiposo de la zona abdominal”, explica.
Para detectar niveles alterados de esta hormona, existen distintos exámenes de laboratorio que utilizan muestras de sangre, orina de 24 horas o saliva. Según la académica, actualmente se utilizan técnicas altamente sensibles como la quimioluminiscencia, donde la intensidad de la luz emitida permite medir la cantidad de cortisol presente en una muestra. También se aplican métodos inmunoenzimáticos como el ELISA indirecto, además de tecnologías avanzadas como la cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas, utilizadas para análisis más precisos.
Aunque el estrés es uno de los principales factores que elevan el cortisol, no es el único. La falta de sueño, la mala alimentación, el sedentarismo y enfermedades como la depresión o la diabetes también pueden alterar sus niveles. “Por eso es importante incorporar estrategias para manejar el estrés y los factores que generan tensión, especialmente en jóvenes”, advierte la especialista, quien señala que cada vez más estudiantes presentan altos niveles de ansiedad durante periodos de evaluaciones.
En relación con los suplementos naturales, la evidencia indica que algunos pueden ayudar, aunque no reemplazan hábitos saludables. “El omega 3 tiene respaldo científico por su capacidad de reducir la inflamación y el estrés oxidativo, lo que puede contribuir a disminuir el estrés”, explica. También destaca la vitamina C, por su efecto antioxidante y neuroprotector.
Finalmente, la académica enfatiza que regular el cortisol no significa eliminarlo, sino mantenerlo en equilibrio. “La meta no es suprimir esta hormona, sino mantenerla dentro de rangos saludables. El cortisol es vital para vivir; lo peligroso es tenerlo constantemente elevado”, concluye.





