Comprar para dejar de arrendar: qué cambia realmente en tu bolsillo con las nuevas tasas hipotecarias

La baja en las tasas y los nuevos beneficios han reactivado el mercado inmobiliario en Chile, pero expertos advierten que la decisión de comprar no debe basarse solo en comparar arriendo versus dividendo, sino en analizar el costo total y el impacto financiero de largo plazo.

La caída de las tasas hipotecarias y las mayores facilidades de acceso al crédito han vuelto a instalar una pregunta clave en miles de hogares chilenos: ¿conviene dejar de arrendar y comprar una propiedad? Aunque el escenario actual parece más favorable que en años recientes, especialistas advierten que la decisión debe evaluarse con una mirada integral, considerando costos reales, proyección financiera y expectativas de largo plazo.

Para muchas personas, dejar de arrendar representa uno de los grandes objetivos de vida y un símbolo de estabilidad. Sin embargo, comparar únicamente el monto del arriendo con el valor del dividendo puede llevar a conclusiones apresuradas. “Uno de los errores más comunes es pensar solo en el monto mensual. El arriendo es un gasto que se va todos los meses, mientras que el dividendo es una inversión en patrimonio, pero eso no significa que el impacto en el bolsillo sea idéntico”, explica José Jesús Velásquez, ingeniero industrial y CEO de MyV Gestión Inteligente.

En términos simples, el dividendo puede ser similar o incluso más alto que el arriendo inicial, pero existe una diferencia estructural: cada cuota pagada se transforma en patrimonio propio. “Cada dividendo que se paga se transforma en patrimonio. En cambio, el arriendo no vuelve nunca”, enfatiza Velásquez.

No obstante, el dividendo no es el único gasto asociado a la compra de una vivienda. A este se suman contribuciones, seguros, gastos comunes y mantenciones, costos que muchas veces no se incorporan en el cálculo inicial. El verdadero impacto financiero está en el costo total mensual y no solo en la cuota del crédito hipotecario, lo que puede marcar una diferencia significativa en el presupuesto familiar.

Otro punto relevante son las expectativas. Comprar una propiedad no implica necesariamente un alivio financiero inmediato. “Muchas personas esperan que comprar mejore automáticamente su situación financiera, y no siempre es así en el corto plazo. El beneficio es de largo plazo, en estabilidad y patrimonio”, agrega el experto.

La decisión, por tanto, no se reduce a cambiar un pago por otro, sino a asumir un compromiso financiero de largo aliento. Comprar puede fortalecer la estabilidad y construir patrimonio, pero exige planificación, capacidad de ahorro y una evaluación realista de ingresos y gastos.

En un contexto de mayor dinamismo del mercado inmobiliario, el llamado es claro: antes de dejar el arriendo, hacer números detallados y proyectar escenarios futuros es tan importante como aprovechar una tasa baja. Porque más allá del titular, la verdadera pregunta no es solo cuánto se paga cada mes, sino qué impacto tendrá esa decisión en el bolsillo y en la calidad de vida en los próximos años.

Isabel Chandía

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