
El cáncer infantil tiene una supervivencia superior al 80%, el país enfrenta un nuevo desafío sanitario: garantizar rehabilitación integral, salud mental y reintegración social para quienes superan la enfermedad.
Chile registra hoy una sobrevida en cáncer infantil superior al 80%, posicionándose como referente regional, pero este avance ha desplazado el foco hacia un desafío igual de urgente: asegurar calidad de vida, rehabilitación y apoyo integral para niños, niñas y adolescentes que enfrentan las secuelas físicas, cognitivas y emocionales de la enfermedad.
El sostenido aumento en la supervivencia ha impulsado un cambio de paradigma en la atención oncológica pediátrica, pasando de un enfoque centrado exclusivamente en la curación a uno que incorpora de manera estructural la rehabilitación temprana, el acompañamiento psicológico, el apoyo social y la reintegración educativa.
En este escenario, la Fundación Nuestros Hijos ha consolidado un modelo de atención integral que aborda el denominado “viaje del paciente”, considerando no solo las necesidades clínicas, sino también las dimensiones físicas, emocionales y sociales que surgen desde el diagnóstico y se extienden más allá del alta médica.
Durante 2025, el Centro de Rehabilitación Oncológica de la fundación realizó 6.723 atenciones a 267 niños, niñas y adolescentes, mediante una red de 10 especialidades clínicas enfocadas en su recuperación integral.
“El paciente y su familia deben estar en el centro. No es suficiente con tratar el cáncer, sino que debemos anticiparnos a las necesidades que aparecen en el proceso y acompañarlas de manera personalizada”, explica Amaya Muñoz, Coordinadora de Extensión y Vinculación con el Medio de la institución.
Este modelo incluye rehabilitación física especializada, apoyo nutricional, atención psicológica, neuropsicología, educación diferencial, asistencia social y vinculación con redes de apoyo, además de servicios clave como casas de acogida, transporte a controles médicos y entrega de ayudas técnicas.
El desafío cobra mayor relevancia considerando que los tratamientos oncológicos pueden dejar secuelas significativas, y que la ampliación del rango etario hasta los 19 años incorpora nuevas necesidades, especialmente en adolescentes, un grupo que aún presenta brechas en acompañamiento especializado.
“La sobrevida en Chile es alta, pero la pregunta es cómo están sobreviviendo nuestros niños. Si no abordamos la rehabilitación, la salud mental y el apoyo social, ese 80% pierde sentido”, agrega Muñoz.
La historia de Valentina, diagnosticada con sarcoma en 2022, refleja este nuevo enfoque. Tras enfrentar un complejo tratamiento que afectó su movilidad, accedió a un proceso de rehabilitación integral con un equipo multidisciplinario. Hoy, no solo recuperó su independencia física, sino que también logró estabilidad habitacional junto a su madre.
“Antes no podía ni siquiera apoyar el pie. Ahora puedo hacerlo sin afirmarme”, relata. Actualmente, ambas viven en su casa propia, gracias a un trabajo coordinado entre la fundación y políticas públicas.
Su experiencia evidencia que el verdadero desafío del sistema ya no es solo salvar vidas, sino garantizar condiciones reales para que niños y adolescentes puedan proyectar su futuro con autonomía, bienestar y oportunidades, consolidando así un nuevo estándar en la atención del cáncer infantil en Chile.





