
Energías renovables, hidrógeno verde y electromovilidad posicionan a Chile como referente regional en transición energética, con avances concretos que ya impactan la industria, el transporte y la planificación energética del país.
Chile atraviesa una etapa decisiva en su transición hacia un modelo energético más limpio y sostenible, consolidándose como líder regional en energías renovables, nuevas tecnologías energéticas y transporte limpio. Más allá de los anuncios y metas de largo plazo, los avances ya se reflejan en la matriz eléctrica, la industria y la movilidad.
Durante el último período, el 63% de la generación eléctrica nacional provino de energías renovables, con meses que superaron el 70%, impulsados principalmente por la energía solar y eólica. La capacidad instalada renovable supera los 18.700 MW, posicionando a Chile entre los principales referentes de energía limpia en América Latina.
Este crecimiento acelerado ha abierto un desafío estructural clave: cómo aprovechar la energía limpia más allá de la electricidad, especialmente en sectores productivos intensivos en consumo energético. En este contexto, el hidrógeno verde se ha consolidado como una apuesta estratégica para la descarbonización industrial, permitiendo reducir emisiones en procesos donde la electrificación directa no es suficiente.
Gracias a sus condiciones naturales y potencial renovable, Chile cuenta con ventajas competitivas para producir hidrógeno verde a escala. El foco actual no está solo en su producción, sino en integrarlo de manera segura y eficiente en operaciones reales, avanzando desde proyectos piloto hacia soluciones concretas y permanentes.
Este liderazgo ha sido respaldado por estudios internacionales, como el Índice de Transición Energética 2025 del Foro Económico Mundial y Accenture, que posiciona a Chile entre los países mejor evaluados del mundo y como líder latinoamericano en sostenibilidad, seguridad energética y capacidad de implementación, destacando sus avances en energías renovables, hidrógeno verde y electromovilidad.
Desde esta mirada, Quempín ha enfocado su trabajo en el desarrollo de soluciones que permiten utilizar el hidrógeno verde en sistemas térmicos e industriales, abordando uno de los principales cuellos de botella de la transición energética. “El desafío ya no es demostrar que el hidrógeno verde es posible, sino integrarlo de manera segura y eficiente en procesos productivos que operan todos los días”, señala Cristóbal Monzó, Ingeniero de Desarrollo y encargado de Proyectos de Hidrógeno de la compañía.
En paralelo, la electromovilidad se ha convertido en la expresión más visible de este cambio. Chile lidera la región en incorporación de buses eléctricos y ha registrado un crecimiento sostenido en la adopción de vehículos eléctricos en flotas corporativas, transporte urbano y servicios, reforzando la necesidad de infraestructura, planificación y operación de largo plazo.
Desde Gama Mobility, destacan el cambio cultural que acompaña este proceso. “Cada vez más empresas y usuarios incorporan la electromovilidad en sus decisiones, entendiendo que no es solo una innovación tecnológica, sino una nueva forma de relacionarse con la energía”, afirmó Orlando Villalobos, gerente de la compañía.
En conjunto, el avance del hidrógeno verde, la electromovilidad y la expansión de las energías limpias confirma que Chile está entrando en una fase de madurez energética, donde el foco se desplaza desde la planificación hacia la integración efectiva de soluciones sostenibles en la industria, el transporte y la vida cotidiana.
Más que una promesa futura, la energía limpia se consolida como un eje estructural del desarrollo del país, posicionando a Chile como pionero regional en la ejecución de la transición energética y marcando un punto de inflexión en su modelo de crecimiento.





