
El aumento del consumo de pescados y mariscos tensiona la logística alimentaria y obliga a reforzar el control de temperatura, la trazabilidad en tiempo real y la eficiencia en las rutas para evitar riesgos sanitarios.
El incremento en el consumo de pescados y mariscos durante Semana Santa vuelve a poner bajo presión la cadena de frío, uno de los eslabones más críticos de la logística alimentaria, clave para garantizar la calidad de los productos y proteger la salud de las personas. En un escenario de alta demanda concentrada en pocos días, asegurar temperaturas controladas, tiempos de traslado eficientes y visibilidad en toda la operación se vuelve fundamental para evitar quiebres que puedan derivar en intoxicaciones o pérdidas de calidad.
Según datos del estudio GPS Ciudadano, más del 80% de las personas consume productos del mar durante esta festividad, lo que eleva significativamente la exigencia sobre los sistemas de distribución. Este año, el comportamiento proyecta una demanda similar, lo que implica mayor presión sobre despachos, almacenamiento y transporte, especialmente en la última milla.
“Los productos del mar requieren condiciones estrictas y continuas desde su origen hasta el consumidor final. Cada traslado, detención o entrega puede impactar la calidad del producto e incluso afectar la salud de las personas”, explica Cristóbal López, Country Manager de Drivin Chile. En ese sentido, advierte que la cadena de frío no depende solo de infraestructura, sino de la coordinación precisa de múltiples etapas logísticas.
Uno de los avances más relevantes en este ámbito es la incorporación de sistemas de trazabilidad en tiempo real, que permiten monitorear variables críticas como temperatura, tiempos de tránsito y cumplimiento de rutas. Esto ha permitido pasar de una logística reactiva a una gestión preventiva, donde las empresas pueden anticipar desvíos y tomar decisiones oportunas.
“La trazabilidad ya no es un valor agregado, es una condición base para asegurar que la cadena de frío se mantenga intacta, especialmente en momentos de alta exigencia como Semana Santa”, agrega López.
A esto se suma el rol clave de los vehículos refrigerados, cuyo correcto funcionamiento, mantención y calibración son esenciales para evitar quiebres en la cadena. En contextos de alta demanda, el uso de flotas no especializadas o con capacidad insuficiente puede comprometer toda la operación, especialmente en trayectos largos o en la distribución final.
Precisamente, la última milla se posiciona como uno de los puntos más sensibles del proceso, donde factores como la congestión, los tiempos de entrega y la planificación de rutas pueden afectar directamente la calidad del producto. Por ello, la optimización de recorridos basada en datos se vuelve clave para reducir tiempos y asegurar condiciones óptimas durante todo el trayecto.
“En fechas como Semana Santa, cualquier falla se amplifica rápidamente. El desafío no es solo responder a la demanda, sino hacerlo con sistemas capaces de adaptarse en tiempo real, integrando tecnología, datos y coordinación operativa”, concluye López.
En un contexto donde la salud de las personas está directamente en juego, la cadena de frío deja de ser solo un proceso logístico para transformarse en un factor crítico de seguridad alimentaria, especialmente en fechas de alto consumo como Semana Santa.





