Ansiedad: cómo detectar a este enemigo silencioso que puede afectar seriamente la salud mental

Síntomas de ansiedad, salud mental y atención oportuna: identificar las señales a tiempo es clave para prevenir que este trastorno interfiera en la vida diaria.

La ansiedad es una respuesta natural frente al miedo o al estrés, pero cuando la preocupación se vuelve constante, intensa o aparece sin una causa clara, puede transformarse en un problema de salud mental que requiere atención profesional. Reconocer sus señales tempranas es fundamental para evitar que afecte el bienestar emocional, físico y social de las personas.

La académica de la carrera de Psicología de la Universidad Andrés Bello (UNAB), sede Concepción, Karen Bustamante, explica que las amenazas que detonan ansiedad pueden ser diversas.
Pueden ser concretas, como pensar que me irá mal en un certamen; difusas, como la sensación de que algo saldrá mal; o incluso inconscientes, cuando la persona se siente inquieta sin saber exactamente por qué”, señala.

Cuando la ansiedad deja de ser normal

Según la especialista, la ansiedad tiene un componente principalmente mental, caracterizado por pensamientos recurrentes, dificultad para desconectarse y una sensación de alerta prolongada.
“Cuando estos síntomas se vuelven persistentes, intensos o aparecen sin un motivo claro, interfieren con la vida cotidiana y se transforman en un motivo de consulta”, advierte Bustamante.

¿Cuándo consultar a un especialista?

La académica explica que los síntomas de la ansiedad varían de una persona a otra y suelen presentarse de forma combinada.
Entre los más frecuentes se encuentran:

  • Agitación y sensación constante de amenaza

  • Palpitaciones, tensión muscular y dificultad para respirar

  • Malestar estomacal, sudoración, temblores o mareos

  • Irritabilidad, problemas de concentración y alteraciones del sueño

No obstante, Bustamante enfatiza que los síntomas por sí solos no bastan para un diagnóstico clínico.
“Es importante consultar cuando la ansiedad se vuelve frecuente, difícil de manejar y afecta áreas significativas como las relaciones, el desempeño académico o laboral y las actividades cotidianas”, explica.

En estos casos, la persona puede comenzar a evitar situaciones importantes para reducir el malestar, experimentando un aumento del temor, la tensión o la sensación de pérdida de control.
Consultar a tiempo con un profesional de la salud mental permite recibir orientación adecuada y prevenir complicaciones mayores”, recalca.

Ansiedad en niños y adolescentes: señales a observar

La ansiedad también puede manifestarse en niños, niñas y adolescentes, aunque de manera distinta a la de los adultos.
“Su cerebro aún está en desarrollo, especialmente áreas como la amígdala, vinculada al miedo, y la corteza prefrontal, encargada del control emocional. Por eso, las reacciones al estrés suelen ser más intensas y difíciles de verbalizar”, explica la académica UNAB.

Además, la ansiedad en etapas tempranas está fuertemente influida por el entorno, incluyendo la seguridad emocional, los vínculos de apego, las dinámicas familiares y la presión escolar o social.

Por ello, Bustamante recomienda que cuidadores y adultos responsables estén atentos a cambios de comportamiento, dolores recurrentes de estómago o cabeza, dificultades para dormir y señales de retraimiento.
“Es clave validar lo que sienten, mantener una comunicación abierta y evitar presiones excesivas”, señala.

Cuando los síntomas persisten o afectan su desarrollo, una evaluación clínica especializada es fundamental.

Consecuencias de no tratar la ansiedad

La ansiedad no atendida tiende a intensificarse con el tiempo. Entre sus principales consecuencias se encuentran:

  • Dificultades para estudiar, trabajar o relacionarse

  • Aumento de conductas de evitación

  • Afectación del bienestar físico por tensión prolongada

  • Deterioro de la autoestima y la confianza personal

  • Aparición de síntomas depresivos y trastornos del sueño

Estrategias de autocuidado que pueden ayudar

Si bien no reemplazan la atención clínica, existen estrategias de autocuidado que pueden contribuir al bienestar emocional.
Entre ellas, la especialista recomienda:

  • Pausar y respirar conscientemente

  • Observar las emociones sin juzgarlas

  • Mantener rutinas equilibradas de descanso y alimentación

  • Realizar actividades que generen bienestar

  • Limitar la sobreexposición a estímulos estresantes

Estas estrategias no sustituyen la intervención profesional, pero pueden ofrecer alivio y favorecer una mayor sensación de estabilidad emocional”, concluye Karen Bustamante.

Isabel Chandía

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