En un encuentro sobre bioseguridad en salud, expertos plantearon que su impacto de esta área va más allá de la protección individual: incide directamente en la calidad de la atención y en la eficiencia del sistema.
Cuando una persona acude a un centro de salud para realizarse un examen de sangre, pocas veces piensa en todo lo que ocurre detrás de ese procedimiento para que sea seguro. Sin embargo, detrás de una práctica tan cotidiana existen protocolos, decisiones clínicas, capacitación e innovación tecnológica que buscan proteger tanto al paciente como al profesional que realiza la atención.
La seguridad del paciente se ha consolidado como uno de los principales desafíos de los sistemas de salud. En este contexto, la bioseguridad cumple un rol fundamental al promover prácticas y herramientas orientadas a prevenir riesgos durante la atención clínica, resguardando tanto la calidad de los procedimientos como la protección de quienes participan en ellos.
Uno de los ejemplos más representativos es la toma de muestras sanguíneas, uno de los procedimientos más frecuentes en la práctica clínica. Aunque suele percibirse como una intervención simple y rutinaria, constituye uno de los momentos donde pueden producirse riesgos prevenibles, tanto para pacientes como para los equipos de salud.
Según estudios internacionales, cada año ocurren alrededor de dos millones de punciones accidentales con agujas contaminadas. Estas lesiones representan aproximadamente el 86% de los accidentes relacionados con la transmisión ocupacional de patógenos como hepatitis B, hepatitis C y VIH, generando riesgos prevenibles para los profesionales de la salud y costos relevantes para las instituciones.
A ello se suma que hasta el 62% de las lesiones cortopunzantes hospitalarias ocurren durante la toma de muestras de sangre, situando a este procedimiento como uno de los principales espacios donde es posible fortalecer las estrategias de prevención y bioseguridad.
“En la toma de muestras de sangre convivimos diariamente con un riesgo que muchas veces permanece invisible. Sin embargo, hoy existen prácticas y tecnologías que permiten disminuir significativamente esa exposición, mejorando la seguridad tanto del personal sanitario como de los pacientes”, señala José Antonio Duarte, Medical Affairs de Becton Dickinson. El ejecutivo participó en el conversatorio denominado “Hablemos de Bioseguridad en Salud”, organizado por esta empresa y que reunió a otros expertos y periodistas de salud.
Además del impacto físico y emocional que estos accidentes generan en los equipos de salud, las lesiones por objetos cortopunzantes implican protocolos de seguimiento clínico, tratamientos profilácticos, ausentismo laboral y costos adicionales para las instituciones sanitarias.
En Chile, la protección de los trabajadores frente a este tipo de riesgos cuenta con un sólido respaldo normativo a través de la Ley N.º 16.744 sobre accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, además de las directrices técnicas impulsadas por el Ministerio de Salud y el Instituto de Salud Pública, que promueven la incorporación de prácticas e innovación orientadas a prevenir este tipo de incidentes.
“La bioseguridad no debe entenderse únicamente como una medida para evitar accidentes. Es un componente esencial de la seguridad del paciente y de la calidad de la atención. Cada decisión que se toma durante un procedimiento clínico —desde los protocolos hasta la tecnología utilizada— puede contribuir a reducir riesgos, mejorar la precisión diagnóstica y fortalecer la eficiencia del sistema de salud”, agrega Gabriel León, divulgador científico quien también participó en el conversatorio “Hablemos de Bioseguridad en Salud”.
Tecnología para una atención más segura
La innovación tecnológica constituye uno de los pilares para fortalecer la bioseguridad en la práctica clínica. En procedimientos como la extracción de muestras sanguíneas, los dispositivos de seguridad permiten disminuir la exposición accidental a agujas contaminadas sin modificar la experiencia del paciente.
Entre estas soluciones destacan los sistemas de extracción al vacío alados con mecanismos de seguridad activos, conocidos técnicamente como “mariposas”, especialmente diseñados para facilitar el acceso venoso en pacientes con venas de difícil acceso, como recién nacidos, adultos mayores o personas con fragilidad vascular.
Su principal atributo es que permiten activar un mecanismo de seguridad con una sola mano, retrayendo automáticamente la aguja inmediatamente después de la extracción mientras aún permanece en la vena. De esta forma, se reduce significativamente el riesgo de exposición accidental del profesional de la salud sin generar molestias adicionales para el paciente.
“Contar con una aguja que se retraiga automáticamente entrega una mayor seguridad durante el procedimiento. Además, al integrarse a sistemas cerrados de extracción al vacío, permite proteger la calidad de la muestra, disminuyendo errores preanalíticos y evitando la necesidad de repetir exámenes”, destaca José Antonio Duarte.







